Revista publicada por la Asociación Mexicana de Ventanas y Cerramientos, A.C.
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El principio de causalidad

Con frecuencia he sido cuestionado acerca de los beneficios que puede ofrecer nuestra asociación a las empresas del sector como una condición indispensable para valorar la afiliación del interesado. Es por ello que, me he dado mi tiempo para elaborar una respuesta que, aunque no sea la esperada es sin duda la más adecuada según mi punto de vista.

Su empresa debe asociarse a la AMEVEC para poder ser causa y no causalidad.

El principio de causalidad es un principio clásico de la filosofía y la ciencia, que afirma que todo evento tiene una causa. Las cosas no ocurren de manera aislada, sino que unos eventos están ligados a otros en un proceso de interacción donde unas cosas suceden a otras, y con frecuencia en el mismo orden. A los primeros sucesos en una relación los llamamos causas, y a los segundos efectos.

El efecto es el resultado de una causa o el fin de una acción. La relación que existe entre causa y efecto se denomina causalidad. Es este un principio fundamental que, partiendo de las causas, explica o nos ayuda a comprender los sucesos, para que podemos prevenir y por otro controlar los efectos, en definitiva, influir en el resultado final.

La experiencia acumulada en estos años como presidente de AMEVEC me ha permitido evaluar la capacidad que todos tenemos de promover cambios significativos en nuestro entorno cuando trabajamos desde una plataforma social común, incluyente, comprometida y se tiene la capacidad de fijar de forma clara los objetivos.

  1. Plataforma común

Común porque los esfuerzos individuales se diluyen cuando los intereses personales se suman a los de otros sin encontrar un espacio compartido de acción. El poder entusiasta que generan los liderazgos es capaz de fijar objetivos, pero para conquistarlos, es necesaria la determinación de los sumandos por tomar la plaza. Los hombres mueren, pero sus acciones perduran en el tiempo, solo si tienen eco entre sus seguidores.

  1. Plataforma incluyente

Las acciones que perduran en el tiempo nacen de la inclusión y el acuerdo. Resulta más fácil promover el diálogo con nuestros detractores que alimentar su oposición a ultranza, en perjuicio de un bien común definido y defendido por todos. El agua fluye por más obstáculos naturales que encuentre, acomodando su velocidad y sentido, pero siempre puede ser detenida si el hombre decide poner presas. El espacio que ofrece una asociación debe ayudar a confluir los objetivos y voluntades de todos, obligando a los asociados definir las acciones promoviendo el acuerdo y sumando adeptos entorno a un fin común. Un espacio que debe garantizar el bien común por encima del poder económico. Participar de estos espacios enseña al débil el camino para alimentar su fuerza y al poderoso a respetar el poder que otorgan los números detrás de las ideas.

  1. Plataforma comprometida

Apoyar una idea o proyecto y comprometerse en la consecución del mismo, son dos cosas diferentes que parten de una misma causa, el interés del individuo por promover cambios. No obstante, se pueden generar resultados diversos dependiendo del grado de participación del individuo para garantizar el sentido e impulso de las acciones que nos acercan a su consecución.

El deseo sin acción, no se sostiene porque deja a su suerte al futuro, nuestras acciones orientan y modifican el sentido de los resultados para alinearnos hacia el camino que nos llevará a ver cumplidos nuestros deseos. Como individuos hemos de reconocer que somos dueños de nuestro futuro y evaluar las acciones que debemos de realizar para corregir nuestro destino, analizar nuestras deficiencias y fortalecer nuestras debilidades sumándonos al esfuerzo colectivo que apunta en el mismo sentido al que nos queremos dirigir.

  1. Fijar de forma clara los objetivos

Resulta fundamental para fijar nuestros objetivos visualizarnos habiendo cumplido éstos para analizar los sentimientos y frustraciones que provoca en nosotros su consecución. En la mayoría de los casos y en la mayoría de las personas, se produce un efecto común, que nos obliga a rediseñar la estrategia, ahora con un mejor criterio sabedores de que el éxito está a nuestro alcance.

Una vida sin objetivos nos debilita y desaliente, mientras que del otro lado nos esperan los errores que alimentarán nuestro crecimiento personal y sacaran lo mejor de nosotros. La experiencia de compartir con otros los objetivos, aumentará en nosotros la percepción de los obstáculos y multiplicará nuestras capacidades para acercarnos con seguridad y paso firme para conquistarlos. En el camino, habremos comprendido el valor de la compañía.

AMEVEC ofrece a todos los profesionales del sector de la ventana y el cerramiento, un campo de acción común, donde una persona como tú puede lograr sus objetivos si eres capaz de sumar adeptos y comprometer tu esfuerzo y el de ellos.

Colaboración AMEVEC.

José Manuel Barceló.

Fecha de publicación: 27/04/2017

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