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Editorial

El confort térmico se convertirá en uno de los principales factores de compra de una vivienda en pocos años

La pandemia que nos ha tocado vivir ha afectado nuestros hábitos y modificado en muchos casos la percepción de la importancia de aquellos factores que derivan en la calidad de vida que nos debe ofrecer nuestro hogar. La experiencia que hemos mantenido en este largo periodo de convivencia con las condiciones de habitabilidad de nuestras viviendas nos ha permitido conocer las deficiencias que nos impiden disfrutar de un grado de comodidad aceptable y saludable, así como, de la necesidad de realizar mejoras que nos permitan paliar o reducir los consumos energéticos para climatizar los espacios. Como resultado de todo ello nos encontramos ahora ante un consumidor más experimentado capaz de definir perfectamente sus prioridades, señalando el aislamiento térmico y acústico como factor fundamental para garantizar la calidad de vida en sus hogares.

La percepción por las afectaciones al confort térmico y acústico en nuestra vivienda se asocia inmediatamente a las deficiencias propias de la envolvente que señalan como punto crítico a las puertas y ventanas, al tiempo que las ganancias térmicas en su particular se vinculan fundamentalmente a las superficies vidriadas que carecen de protección ante la incidencia solar directa. Esta situación pone en evidencia la necesidad de considerar la evaluación de las prestaciones térmicas y acústicas de los cerramientos como una condición que recomiende o demerite la compra una vivienda o marque la primera línea de actuación en caso de obras de remodelación que busquen mejorar las condiciones de habitabilidad. La integración de soluciones activas o pasivas para el control solar como toldos, pérgolas o persianas, así como, la instalación de fachadas ventiladas se vuelve una prioridad en la ejecución de cualquier proyecto constructivo.

Nos encontramos cada día más cerca de un cambio de paradigmas en el consumidor que buscará satisfacer su demanda entorno al confort térmico de las viviendas que deberá de tener en cuenta la recomendación de la OMS (Organización Mundial de la Salud) de mantener fresco nuestro espacio vital, entre los 20-21ºC durante el día y los 15-17ºC por la noche. La humedad en el ambiente será tan importante como la temperatura, ya que en valores muy elevados o demasiado bajos modificarán la forma en cómo sentimos el calor y el frío. Este aspecto junto con la renovación controlada del aire interior sin que se produzcan pérdidas energéticas considerables definirá sin duda el futuro con el que habremos de concebir nuestro hogar. Para ello, las ventanas, los sistemas de control solar y los productos arquitectónicos que aporten sustentabilidad a través de la eficiencia térmica serán fundamentales.

José Manuel Barceló
Presidente del consejo de Amevec

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Artículo publicado en
Edición 34
Edición 34

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